

PARA PROFUNDIZAR EL MODELO Y ROMPER EL CERCO OPOSITOR
1.Al país, en los últimos años, se le aceleraron los tiempos políticos. Actualmente la
etapa histórica se caracteriza por la discusión sobre qué modelo de país queremos y
el lugar que en el escenario latinoamericano y mundial ocupará la Argentina en los
próximos años. Como nunca antes se visualizan con claridad los dos caminos que se
nos abren a los argentinos con conciencia de patria y compromiso con el pueblo del
que formamos parte. Con el mandato de Cristina Fernández se han producido
medidas de trascendencia social tendientes a la redistribución de la riqueza y la
profundización del modelo de desarrollo nacional productivo iniciado en mayo de
2003. La nacionalización del sistema provisional, el incremento de haberes
jubilatorios, el desarrollo del mercado interno y de la capacidad productiva del país
(tanto en el agro como en la industria), el aumento del gasto público con fines
sociales, la asignación universal por hijo, la nueva ley nacional de medios, el avance
de los juicios por delitos contra la humanidad, la política exterior de contenido
latinoamericanista son los pasos más significativos que caracterizan a la etapa
histórica actual como de contenido nacional y democrático. Frente a ello,
reaccionaron los sectores oligárquicos (financieros, mediáticos, del campo y la
industria) junto con la elite política que los representa, con el objetivo principal de
detener el proceso de transformación del país para lo cual se han planteado remover
el principal obstáculo: el gobierno nacional.
Como desestabilizar al gobierno nacional es parte fundamental de su plan para
volver el país neoliberal, la oposición le levanta un cerco, decidida a impedir la
continuidad de la etapa de cambios con miras a las elecciones presidenciales del
2011. Sus planes de gobierno son conocidos pero inconfesables. Solo la provocación
de una crisis artificialmente creada los podría justificar a la vista de las mayorías de
la población. Quieren desesperar al país, hacer que los hombres y mujeres comunes
de nuestra patria pierdan la fe y caigan en un escepticismo que los arroje en la
inacción, el individualismo y la ceguera antes las falsas opciones. Esto buscan
inventando crisis artificiales sustrayendo del gobierno nacional la capacidad de
decidir sobre las reservas monetarias, alentando la especulación, la escasez de
crédito, la apreciación cambiaria y, con todo, la recesión.
Para ello no muestran escrúpulo alguno y, en tren de conspirar, la Corte Suprema y
el Banco Central aparecen como plataformas apetecibles para sus intentos, debido a
la importante función que tienen en la estructura institucional del país. La visita de
los senadores a la Corte Suprema para influenciar sobre sus decisiones acerca de
casos entre las provincias y la nación, y otras importantes cuestiones de
presupuesto, financiamiento y disposición de fondos y recursos, la visita de Héctor
Magnetto a Ricardo Lorenzetti (presidente de la Corte), los fallos de jueces de
primera instancia contra la ley de medios, el acuerdo opositor en el Congreso para la
conformación de las comisiones y acomodarse mejor para futuras acciones, la
arremetida furiosa de los medios masivos (Clarín, La Nación, y sus canales de
televisión de aire y cable), la judicialización de los decretos de necesidad y urgencia,
forman parte de las tácticas pergeñadas con fines conspirativos para limar la
capacidad de acción del gobierno y la posibilidad de que se avance aún más.
A ello debe agregarse el entendimiento entre Cobos y Redrado, que contó con el
apoyo inmediato del PRO, la Coalición Cívica y la UCR, a través de sus letrados
Ricardo Gil Lavedra y Gregorio Badeni –hombre vinculados al gobierno de De la Rúa
y a las empresas telefónicas, el primero, y del juez menemista Nazareno y de la
dictadura militar, el segundo-, que llevó al ex titular del Banco Central a su
desobediencia y provocación que mereció la correcta decisión de nuestra Presidenta
al echarlo por decreto.
El cerco contra el gobierno y las clases trabajadoras se cierra con las exigencias de la
UIA y la Mesa de Enlace de librecambio, bajar el costo laboral y achicar el gasto
público, con la provocación de Cobos/Redrado, la sobreactuación de comunicadores y
constitucionalistas proclamando un republicanismo falso al estar vacío de justicia
social y vocación democrática. Todo ello, de lo que no es ajena la denuncia penal del
diputado nacional Solanas contra la Presidenta, parecen ser instrumentos que
aportan a un único plan, repitiendo aquello que en 1957 alertaba Raúl Scalabrini
Ortiz acerca de la técnica de la orquestación política para derogar el artículo 40 de la
Constitución de 1949, “soplan la flauta, no cuando quieren sino cuando les
corresponde soplar” aunque ante el espectador incauto aparezcan como carentes de
orden predeterminado. Ahora, la alharaca dice ser por la institucionalidad
republicana, pero los huevos del tero no están ahí sino en la intervención del Estado
en la economía, en el cumplimiento de las obligaciones sociales, los derechos de los
trabajadores, la redistribución la riqueza y la recuperación de la soberanía popular.
Todo esto es lo que se quiere derogar de un plumazo.
2.Una de las grandes tareas nacionales y democráticas pendientes en la actual etapa
histórica que vivimos en el país, es la de recuperar el poder de decisión del Estado
Nacional sobre la totalidad de la política económica, incluyendo la monetaria y la
financiera. Es inaceptable continuar con la vieja noción liberal, originada en la década
infame con la creación del Banco Central como entidad mixta en manos de la banca
extranjera y reeditada en los años noventa por el menemismo, de sostener su
“autonomía”, bajo lo cual se esconde la voluntad de dominio del capital financiero
externo sobre resortes fundamentales como son la política cambiaria y monetaria.
Eso es lo que defienden Pinedo, Prat Gay, Morales, Carrió y Cobos. Por eso la
reforma de la ley de entidades financieras y la carta orgánica del Banco Central son
de urgente realización.
Así desfilan por los programas de opinión política de los grandes medios economistas
de la talla de Mario Brodersohn, Carlos Melconian, Roque Fernández o Daniel Marx,
todos resurgidos de las cenizas del neoliberalismo y que coinciden en criticar el
aumento del gasto público y el financiamiento del gobierno con reservas del BCRA, lo
que sería causa de la “crisis institucional” que, en su hipótesis, estaríamos viviendo.
Es necesario denunciarlos en sus reales intenciones de buscar el achicamiento del
Estado, de su gasto social y de la inversión pública, es decir, volver al esquema
neoliberal.
Dicen que quieren la independencia del Banco Central para defender el valor de la
moneda; a los argentinos eso ya nos es suficiente para comprender el verdadero
significado: apreciación cambiaria y ajuste fiscal. Contra eso debemos alzar nuestra
voz y alentar a que todo compatriota que quiera al país y a su gente haga lo mismo,
para que no haya nadie que no sepa sobre qué estamos discutiendo los argentinos.
El conflicto social ocupará un lugar privilegiado en el año en que entramos, a partir
de los reclamos sindicales y la lucha por la distribución del ingreso. Ya fue anunciado
por la patronal de Kraft y las posiciones públicas conservadoras de la UIA. La
intención opositora es atar de pies y manos al gobierno nacional para de este modo
defender los intereses de las patronales del campo y de la alta industria extranjera.
Solo con un Estado Nacional fuertemente intervencionista con generosa disposición
de recursos, con amplia inversión pública en aumento y posición de fortaleza política,
la puja puede decidirse a favor los trabajadores.
La denominada oposición funciona en verdad como un bloque antinacional que, por
derecha, centro e izquierda juega a ser la representación política de las clases
dominantes en consonancia con el imperialismo, para impedir el crecimiento y
desarrollo pleno con justicia social de la economía del país, y reactualizar al viejo
país agroexportador y nuestra condición de semicolonia en la nueva división
internacional del trabajo.
Las fuerzas del campo nacional y popular debemos estar alertas para sentar
posición, apoyar al Gobierno Nacional y advertir al pueblo. En nuestra América está
en marcha como nunca antes la propuesta unificadora que abre el camino de la
liberación continental. Las políticas de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Lula
y de nuestra Presidenta Cristina Fernández, han construido en estos pocos años la
esperanza para resolver la cuestión nacional latinoamericana. De ahí los planes
reaccionarios de los Estados Unidos que, en su vocación imperial, reeditan las
alianzas con las oligarquías locales, en el golpe en Honduras contra el presidente
constitucional Zelaya y las intenciones confesadas por la oposición contra Fernando
Lugo en Paraguay. Es entonces que el escenario latinoamericano se vuelve incierto y
obliga a definiciones concretas, sin titubeos, ante las luchas tanto nacionales como
continentales. Porque unas están conectadas con las otras.
3.La lucha ideológica para el esclarecimiento y la denuncia de las verdaderas
intenciones del frente opositor y los sectores concentrados del capital, es una tarea
militante, pero también la búsqueda de más organización popular y canales de
participación horizontal. En especial, después de la repercusión en el aumento del
consumo en las barriadas populares, como por ejemplo en el conurbano bonaerense,
que produjo la asignación por hijo y las políticas expansivas, las que deben
sostenerse a lo largo del tiempo y transformarse en organización política y apoyo
conciente. ¿Cómo lograr que los sectores populares y medios no solo brinden su
apoyo sino que además luchen por la profundización del modelo productivo de país?
Es sin duda este último el mayor desafío del campo nacional y popular. Pero es un
deber sincerar que las limitaciones al respecto no son solo responsabilidad del
oficialismo, sino también de nuestras fuerzas propias. Recuperar la esperanza en la
masa de excluidos del neoliberalismo, del país desindustrializado, oprimido y
abandonado, y aportar el contenido ideológico y programático necesario para
avanzar en los caminos de la liberación nacional. Para lo cual la única unidad posible
es la del campo nacional y popular en apoyo decidido y conciente, al gobierno
nacional: A eso convocamos. Sin vacilaciones debemos salir al cruce de esta
orquestación marcando lo que es obvio y lo que hace posible una y otra vez, aunque
andemos despacio y con cuidado, la desestabilización del gobierno. Marcando las
intenciones ajenas y los errores propios, como lo fue el nombramiento de Martín
Redrado y la colocación de compañero de fórmula de Cristina Fernández de un
artista de la traición como Cobos, hoy posible precandidato presidencial de la
oposición neoliberal y proimperialista.
Las fuerzas antinacionales no quieren que se haga lo que se está haciendo, pero
estas sobreactuaciones indican que saben todo lo que se puede llegar a hacer. Por
eso llamamos al gobierno a romper en forma definitiva el cerco del único modo
posible, con más distribución de la riqueza, con mayor justicia social, más
nacionalización de la economía, más intervención del Estado, más profundización de
las reformas a favor de los derechos de los trabajadores, con más unidad
latinoamericana, y con más fuerza para no ceder ante las presiones.
11 de enero de 2010.
CORRIENTE POLÍTICA ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO
NOTICIAS MARIANO MORENO
1.Al país, en los últimos años, se le aceleraron los tiempos políticos. Actualmente la
etapa histórica se caracteriza por la discusión sobre qué modelo de país queremos y
el lugar que en el escenario latinoamericano y mundial ocupará la Argentina en los
próximos años. Como nunca antes se visualizan con claridad los dos caminos que se
nos abren a los argentinos con conciencia de patria y compromiso con el pueblo del
que formamos parte. Con el mandato de Cristina Fernández se han producido
medidas de trascendencia social tendientes a la redistribución de la riqueza y la
profundización del modelo de desarrollo nacional productivo iniciado en mayo de
2003. La nacionalización del sistema provisional, el incremento de haberes
jubilatorios, el desarrollo del mercado interno y de la capacidad productiva del país
(tanto en el agro como en la industria), el aumento del gasto público con fines
sociales, la asignación universal por hijo, la nueva ley nacional de medios, el avance
de los juicios por delitos contra la humanidad, la política exterior de contenido
latinoamericanista son los pasos más significativos que caracterizan a la etapa
histórica actual como de contenido nacional y democrático. Frente a ello,
reaccionaron los sectores oligárquicos (financieros, mediáticos, del campo y la
industria) junto con la elite política que los representa, con el objetivo principal de
detener el proceso de transformación del país para lo cual se han planteado remover
el principal obstáculo: el gobierno nacional.
Como desestabilizar al gobierno nacional es parte fundamental de su plan para
volver el país neoliberal, la oposición le levanta un cerco, decidida a impedir la
continuidad de la etapa de cambios con miras a las elecciones presidenciales del
2011. Sus planes de gobierno son conocidos pero inconfesables. Solo la provocación
de una crisis artificialmente creada los podría justificar a la vista de las mayorías de
la población. Quieren desesperar al país, hacer que los hombres y mujeres comunes
de nuestra patria pierdan la fe y caigan en un escepticismo que los arroje en la
inacción, el individualismo y la ceguera antes las falsas opciones. Esto buscan
inventando crisis artificiales sustrayendo del gobierno nacional la capacidad de
decidir sobre las reservas monetarias, alentando la especulación, la escasez de
crédito, la apreciación cambiaria y, con todo, la recesión.
Para ello no muestran escrúpulo alguno y, en tren de conspirar, la Corte Suprema y
el Banco Central aparecen como plataformas apetecibles para sus intentos, debido a
la importante función que tienen en la estructura institucional del país. La visita de
los senadores a la Corte Suprema para influenciar sobre sus decisiones acerca de
casos entre las provincias y la nación, y otras importantes cuestiones de
presupuesto, financiamiento y disposición de fondos y recursos, la visita de Héctor
Magnetto a Ricardo Lorenzetti (presidente de la Corte), los fallos de jueces de
primera instancia contra la ley de medios, el acuerdo opositor en el Congreso para la
conformación de las comisiones y acomodarse mejor para futuras acciones, la
arremetida furiosa de los medios masivos (Clarín, La Nación, y sus canales de
televisión de aire y cable), la judicialización de los decretos de necesidad y urgencia,
forman parte de las tácticas pergeñadas con fines conspirativos para limar la
capacidad de acción del gobierno y la posibilidad de que se avance aún más.
A ello debe agregarse el entendimiento entre Cobos y Redrado, que contó con el
apoyo inmediato del PRO, la Coalición Cívica y la UCR, a través de sus letrados
Ricardo Gil Lavedra y Gregorio Badeni –hombre vinculados al gobierno de De la Rúa
y a las empresas telefónicas, el primero, y del juez menemista Nazareno y de la
dictadura militar, el segundo-, que llevó al ex titular del Banco Central a su
desobediencia y provocación que mereció la correcta decisión de nuestra Presidenta
al echarlo por decreto.
El cerco contra el gobierno y las clases trabajadoras se cierra con las exigencias de la
UIA y la Mesa de Enlace de librecambio, bajar el costo laboral y achicar el gasto
público, con la provocación de Cobos/Redrado, la sobreactuación de comunicadores y
constitucionalistas proclamando un republicanismo falso al estar vacío de justicia
social y vocación democrática. Todo ello, de lo que no es ajena la denuncia penal del
diputado nacional Solanas contra la Presidenta, parecen ser instrumentos que
aportan a un único plan, repitiendo aquello que en 1957 alertaba Raúl Scalabrini
Ortiz acerca de la técnica de la orquestación política para derogar el artículo 40 de la
Constitución de 1949, “soplan la flauta, no cuando quieren sino cuando les
corresponde soplar” aunque ante el espectador incauto aparezcan como carentes de
orden predeterminado. Ahora, la alharaca dice ser por la institucionalidad
republicana, pero los huevos del tero no están ahí sino en la intervención del Estado
en la economía, en el cumplimiento de las obligaciones sociales, los derechos de los
trabajadores, la redistribución la riqueza y la recuperación de la soberanía popular.
Todo esto es lo que se quiere derogar de un plumazo.
2.Una de las grandes tareas nacionales y democráticas pendientes en la actual etapa
histórica que vivimos en el país, es la de recuperar el poder de decisión del Estado
Nacional sobre la totalidad de la política económica, incluyendo la monetaria y la
financiera. Es inaceptable continuar con la vieja noción liberal, originada en la década
infame con la creación del Banco Central como entidad mixta en manos de la banca
extranjera y reeditada en los años noventa por el menemismo, de sostener su
“autonomía”, bajo lo cual se esconde la voluntad de dominio del capital financiero
externo sobre resortes fundamentales como son la política cambiaria y monetaria.
Eso es lo que defienden Pinedo, Prat Gay, Morales, Carrió y Cobos. Por eso la
reforma de la ley de entidades financieras y la carta orgánica del Banco Central son
de urgente realización.
Así desfilan por los programas de opinión política de los grandes medios economistas
de la talla de Mario Brodersohn, Carlos Melconian, Roque Fernández o Daniel Marx,
todos resurgidos de las cenizas del neoliberalismo y que coinciden en criticar el
aumento del gasto público y el financiamiento del gobierno con reservas del BCRA, lo
que sería causa de la “crisis institucional” que, en su hipótesis, estaríamos viviendo.
Es necesario denunciarlos en sus reales intenciones de buscar el achicamiento del
Estado, de su gasto social y de la inversión pública, es decir, volver al esquema
neoliberal.
Dicen que quieren la independencia del Banco Central para defender el valor de la
moneda; a los argentinos eso ya nos es suficiente para comprender el verdadero
significado: apreciación cambiaria y ajuste fiscal. Contra eso debemos alzar nuestra
voz y alentar a que todo compatriota que quiera al país y a su gente haga lo mismo,
para que no haya nadie que no sepa sobre qué estamos discutiendo los argentinos.
El conflicto social ocupará un lugar privilegiado en el año en que entramos, a partir
de los reclamos sindicales y la lucha por la distribución del ingreso. Ya fue anunciado
por la patronal de Kraft y las posiciones públicas conservadoras de la UIA. La
intención opositora es atar de pies y manos al gobierno nacional para de este modo
defender los intereses de las patronales del campo y de la alta industria extranjera.
Solo con un Estado Nacional fuertemente intervencionista con generosa disposición
de recursos, con amplia inversión pública en aumento y posición de fortaleza política,
la puja puede decidirse a favor los trabajadores.
La denominada oposición funciona en verdad como un bloque antinacional que, por
derecha, centro e izquierda juega a ser la representación política de las clases
dominantes en consonancia con el imperialismo, para impedir el crecimiento y
desarrollo pleno con justicia social de la economía del país, y reactualizar al viejo
país agroexportador y nuestra condición de semicolonia en la nueva división
internacional del trabajo.
Las fuerzas del campo nacional y popular debemos estar alertas para sentar
posición, apoyar al Gobierno Nacional y advertir al pueblo. En nuestra América está
en marcha como nunca antes la propuesta unificadora que abre el camino de la
liberación continental. Las políticas de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Lula
y de nuestra Presidenta Cristina Fernández, han construido en estos pocos años la
esperanza para resolver la cuestión nacional latinoamericana. De ahí los planes
reaccionarios de los Estados Unidos que, en su vocación imperial, reeditan las
alianzas con las oligarquías locales, en el golpe en Honduras contra el presidente
constitucional Zelaya y las intenciones confesadas por la oposición contra Fernando
Lugo en Paraguay. Es entonces que el escenario latinoamericano se vuelve incierto y
obliga a definiciones concretas, sin titubeos, ante las luchas tanto nacionales como
continentales. Porque unas están conectadas con las otras.
3.La lucha ideológica para el esclarecimiento y la denuncia de las verdaderas
intenciones del frente opositor y los sectores concentrados del capital, es una tarea
militante, pero también la búsqueda de más organización popular y canales de
participación horizontal. En especial, después de la repercusión en el aumento del
consumo en las barriadas populares, como por ejemplo en el conurbano bonaerense,
que produjo la asignación por hijo y las políticas expansivas, las que deben
sostenerse a lo largo del tiempo y transformarse en organización política y apoyo
conciente. ¿Cómo lograr que los sectores populares y medios no solo brinden su
apoyo sino que además luchen por la profundización del modelo productivo de país?
Es sin duda este último el mayor desafío del campo nacional y popular. Pero es un
deber sincerar que las limitaciones al respecto no son solo responsabilidad del
oficialismo, sino también de nuestras fuerzas propias. Recuperar la esperanza en la
masa de excluidos del neoliberalismo, del país desindustrializado, oprimido y
abandonado, y aportar el contenido ideológico y programático necesario para
avanzar en los caminos de la liberación nacional. Para lo cual la única unidad posible
es la del campo nacional y popular en apoyo decidido y conciente, al gobierno
nacional: A eso convocamos. Sin vacilaciones debemos salir al cruce de esta
orquestación marcando lo que es obvio y lo que hace posible una y otra vez, aunque
andemos despacio y con cuidado, la desestabilización del gobierno. Marcando las
intenciones ajenas y los errores propios, como lo fue el nombramiento de Martín
Redrado y la colocación de compañero de fórmula de Cristina Fernández de un
artista de la traición como Cobos, hoy posible precandidato presidencial de la
oposición neoliberal y proimperialista.
Las fuerzas antinacionales no quieren que se haga lo que se está haciendo, pero
estas sobreactuaciones indican que saben todo lo que se puede llegar a hacer. Por
eso llamamos al gobierno a romper en forma definitiva el cerco del único modo
posible, con más distribución de la riqueza, con mayor justicia social, más
nacionalización de la economía, más intervención del Estado, más profundización de
las reformas a favor de los derechos de los trabajadores, con más unidad
latinoamericana, y con más fuerza para no ceder ante las presiones.
11 de enero de 2010.
CORRIENTE POLÍTICA ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO
NOTICIAS MARIANO MORENO
1 comentarios:
Muy bien por los compañeros. Se adhiere.
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