
Ante los graves y definitorios acontecimientos que estamos viviendo, me ha asaltado la necesidad de compartir sentires y pensares con aquell@s a quienes pudiese llegar, como para no quedarme a solas conmigo, mascullando...
Quiero comentarles lo que me ha pasado un poco en los últimos tiempos, en lo personal, intuyendo que puede estar pasándole a much@s –aunque me consta que no a tod@s- pero sí a la mayoría.
Entusiasmado con el crecimiento y las repercusiones de esta herramienta de militancia virtual (e-mails, facebook, blogs...), estaba dejando a una costado la militancia real (entendida ésta como la relación que se establece mano a mano, cara a cara, boca a boca...) Tuvo que tirar la Presidenta aquello del país virtual y del país real para hacerme reaccionar de esta especie de ensoñación que hace suponer que este recurso de la relación ciberespácica pudiese llegar a sustituir a la de poner el cuerpo... Sentí que no me lo podía perdonar. Ya ando rondando los 70 y hace más de 50 años que milito en el peronismo, al principio (jovencito) de la mano de mi Viejo, y debí recordar (sobre todo rememorando aquellos primeros años de la Resistencia) lo que él me enseñó: que lo nuestro está fundamentalmente en la calle...
Precisando sobre los hechos, ya despabilado por el sopapo de la Presi, allá me fui a la repentina convocatoria de las Madres (el jueves 4) así como a la de l@s compañer@s del Frente Transversal (el viernes 5). No sé que opinarán quienes hayan podido asistir; yo debo confesar que me resultó –como mínimo- preocupante... me refiero a lo cuantitativo. A tenor de la extraordinaria multiplicación de las convocatorias que se produjo de inmediato a través de estos medios, supuse que me iba a encontrar con una Plaza (tanto un día como otro) si no llena, al menos con una concurrencia no tan magra. Desde luego que, lejos de desmoralizarme, me he propuesto movilizarme a todo lo que se presente, dentro de las naturales limitaciones que me puedieren imponer tanto el laburo como la familia.
No soy quién para indicarle a nadie qué se debe hacer, pero quería transmitirles estas reflexiones porque creo que hay que “patear la calle” lo más que se pueda; y no sólo ante la convocatoria de otros sino generando nuestras propias convocatorias que, por pequeñas que pudieran resultar (cuantitativamente), irán sumando al todo y mejorarán la movilización en grupos a las de los referentes más importantes.
Y esto (espero no estar poniéndome pesado) me lleva a otra reflexión que considero sumamente importante: si bien la agresión insultante y destituyente que recibe día a día nuestro gobierno en su inclaudicable camino hacia la concreción del Proyecto Nacional y Popular nos lleva a reaccionar como corresponde ante cada ofensiva, creo que tenemos que empezar a tener en cuenta que eso nos sirve para fortalecer nuestras convicciones, pero esas manifestaciones no suman para el lado de acá a ningun@ de l@s much@s (me refiero a la gente del pueblo) que se han dejado convencer por los no-argumentos del no-proyecto y los han avalado con su voto, y acompañan (conciente o inconcientemente) sus trapisondas golpistas. De manera que también me he propuesto agudizar mi ingenio, elaborar mis iniciativas y llevar a cabo mis actos militantes tratando de hacer retornar al redil a aquell@s que, sensatamente, no podrían estar nunca “del lado de allá”. No tengo (no tenemos) mucho tiempo, pero si lo uso (usamos) bien, lo conseguiremos, porque de lo que no cabe la menor duda es que tenemos la VERDAD de lo que se debe hacer por la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación, hoy ampliada en la perspectiva Suramericana.
Gracias Compañer@s por permitirme compartir mis sentires y pensares militantes. Un abrazo fraternal a tod@s.
Oscar Rovito
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